¿Cómo encontrar algún afecto tardío en los labios siniestros del pasado? El tiempo derrumba, poco a poco, la simple pero añorada luz eterna que sigue viva en mí, escasa y pequeña. Y ahora que el pasado se ha vuelto presente, mi mente sucumbe ante la irracional consecuencia que lo dicho contiene. Es una enfermedad sin bondad que me ataca, hermosa y placentera en los momentos que se agrandan por causalidad del tiempo que se detiene. Pero en momentos caigo víctima de su placer constante, soy el juguete predilecto, aunque nunca único, de este sin nombre etiquetado por los hombres. Inútil ha sido mi esfuerzo de levantarme victorioso de esta batalla eterna, solo consigo recordar el pasado, que aunque volviéndose presente, no proyecta mi mente un futuro que es lo único cierto que me regresaría al normal de ser humano.
Y es como aveces pienso que mi lucha no termina hasta que la respuesta máxima y verdadera, única, es encontrada por mi aventura en esta vida. Nunca sucumbo pero si me debilito ante la incógnita predilecta, tal vez lo que me lleva a una oscura barricada es la soledad no bien correspondida conmigo mismo. Mis pies torpes nunca pueden dar un paso sin antes ver que el abismo ya no es peligro en el sigue tacto con la superficie, ese el gran defecto de mi acción. Sin embargo, a oscuras, es imposible observar con detenimiento el barranco en el cual caerá mi alma y es esa mi mayor incertidumbre, ¿en verdad existe tal abismo profundo y oscuro del que tanto temo? Será mi miedo pensante y no solo instintivo lo que me hace imaginar la gran caída que a mis ojos no se muestra, ese incesante recorrer de mi sangre hacia las extremidades inferiores de mi cuerpo, listas para llevarme lejos del lugar precisado.
Es confuso ideal marcado por mi mente e inconsciente, donde mis deseos más poderosos yacen escondidos de las normas sociales y prejuicios comunes, están seguros dentro de mí. Porque lo anterior dicho es causa principal de mi vida y las acciones que llevo acabo, sería poco lógico e hipócrita pensar lo contrario del verbo actuado en mi vida. Gran desdeña la que me provoca, y me atrevería decir que a todos, estas limitaciones seguras que nos hemos impuesto para sobrevivir en paz y armonía. Y es por eso que el espacio donde mi mente busca caminar es oscura e insegura, porque en verdad no me conozco lo suficiente para tener un juicio mío, que naturalmente, está escondido por mi cerebro.
La irracionalidad de mis pensamientos con las acciones que promuevo poniendo delante de ellas mi identidad es impresionante y hasta quizás absurda. Pero los vagos recuerdos que prevalecen en mi memoria me hacen entrar en un ciclo de sucumbe continuo de la enfermedad mencionada, de la que no hay cura hasta la aceptación de la misma. Y se podrá pensar por qué no es aceptación por mía parte, y es eso lo que confunde mi racionalidad, la aceptación. ¿Cuál sería el miedo de aceptar mi destino o más bien mi único pasado? Esa es la pregunta en cuestión eternamente discutida por mí, en la que mi cognición, no evolucionada lo suficiente, se entorpece y agranda las inseguridades que prevalecen como una simple suposición de lo que existe adelante de mí.
Sigo en la búsqueda de esa luz, que como ya he mencionado está en mi interior cegada por el tiempo, pero viva. Desesperante acción la que por lo pronto me obliga la paciencia necesaria por encontrar un camino ideal. Sí he de aclarar como antes que no soy el único acreedor de está enfermedad terminal, sino que todos los hombres la padecemos y disfrutamos sus encantos; sin embargo también sus dolores. Somos, sin excepción, portadores que comparten esta maravillosa enfermedad y creamos en los demás toda clase de efectos. Sin embargo, empíricamente toma la dicha diferentes significados y es por eso que hoy la enfermedad mía parece estar retrocediendo y aumentando sus efectos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario