Y sigo preguntándome que hago aquí, sentado lejos de ti.
Quisiera poder levantarme pero no puedo, es imposible.
Mis piernas responden a mis pensamientos,
y es posible que ese sea el problema.
La opresión de mi corazón ha llegado a callarlo
y pasar desapercibido,
aunque sigo viviendo por sus latidos,
aunque sigo despierto por sus ilusiones.
Todos los días caigo desde una cascada y vuelo libre,
pero de repente... nada, veo la oscuridad
y la rutina se repite.
Es monótona porque ya no te veo.
Azul, amarillo, verde, blanco, rosa, rojo,
que importan los colores
si al final no los distingo,
soy preso de mi propio cuerpo.
Y en la noche cuando el cielo es constelado,
lo miro
y mis ojos parecen lagos y
los lagos me dan vida.
Que hiciese para sentir el rocoso latido que quema, arde y explota mi ser,
convirtiéndome cada día en más esto.
Que hiciese para dejar de imaginar lo imposible,
para que mis sueños guardaran silencio.
Que hiciese para dejar de ser niño y convertirme en esto,
que no tiene nombre ni etiquete.
Que hiciese para a la par del sol brillar en día
y ahora que es la noche llorar de tristeza, sin animo, sin nada.
Que hiciese para saltar y no decir que estoy volando.
Que hiciese para verte y no sentir que la luna me sonríe,
que el sol me ilumina y que las estrellas me bendicen.
Que hiciese para dejar de caminar en el bosque sin motivo.
Que hiciese para dejar de creer en las olas de tu cuerpo, tan tranquilas y misteriosas.
Que hiciese para dejar de escuchar a los pajaritos cantarme su sabiduría.
Que hiciese para querer dejar las manos y convertirlas en polvo, los pies, el torso, todo
y así cuando la brisa tocase tu rostro al menos sabré que me has sentido.
CGRGC
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