viernes, 8 de febrero de 2013

Lo Entiendo

Cada día encuentro una razón para levantarme, sin excusas. Mis días se han transformado en la aventura más impresionante. Miro hacia todas partes e intento concentrarme en el substrato de mi pensamiento, que nada tiene que ver con los alrededores. A veces pienso que estoy en un mar descarriado que me atormenta y me quita de balance, pierdo mis fuerzas intentando seguir en pie. Cuando la marea calma me siento en una especie de bote que encuentro desolado y pienso cuál fue la razón que me trajo hasta aquí. Miro el cielo o las estrellas e intento comprender porque me encuentro en este sitio. La respuesta es tan sencilla que me apasiona seguir adentrándome en ese espacio de luces que algunos llaman inspiración. Me pierdo entre los colores brillantes y opacos de mis pensamientos uniendo mi ser y espíritu en uno solo. Un silencio llega y siento que elevó mi mente a otros horizontes que jamás había experimentado. Abro los ojos y sigo varado en el camino, sin saber en que parte estoy y es por eso sé que es hora de continuar. No hay mapas ni pistas que me indiquen si voy por la corriente correcta, solo sé que cada día que pasa sufro como ninguno otro, siempre por una razón distinta. Cuando nada sale mi respiración se agita y mi cerebro intenta desertar del momento vivido, lo más difícil no es soportarlo sino concentrarme para no sentir que mi corazón estalla y con él mis ilusiones. Para escapar suelo esquivar un muro donde la adversidad se hace presente y estrangula el sentido más sincero, el que proviene de nuestro centro. Un mundo donde no haya encontrado semejante muro, es un lugar en el que no quiero estar. Sufrir, posiblemente, se ha vuelto parte de mi existencia y es la única brújula que tengo contra el naufragio. La tristeza se hace presente en donde la soledad me saluda y escribe mis pensamientos, los manipula. A ningún involucrado le importa realmente, solo están alentando y orgullosos de tus éxitos te lo dicen, pero cuando la pluma decae y dejas de escribir ya no hay nada. Por lo que las palabras ya no sirven si no las digo yo, sino las actúo yo. Un temblor agita mis piernas y no puedo controlarme, he intentado por mucho tiempo tener las riendas y las empiezo a tomar. Mi ser no logrará lo pensado si no me muevo con seguridad y rápidamente, no es cuestión de astucia pero de tener fe en lo que has aprendido, tal vez. Lo sé y entiendo que así como encontraré esa isla onírica donde el descanso es profundo y la satisfacción grandiosa.

CGRGC

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