domingo, 2 de diciembre de 2012

Enamorar un verbo mal usado

El sentimiento que transpira en mi cuerpo no es nada más lo que siento, sino lo que soy. Nunca podré negar algo tan hermoso como es el amor, decir que me he enamorado para muchos una vil mentira, para mí una ambrosía realidad. Yo me pregunto, ¿por qué deslindar nuestros sentimientos por la edad? La experiencia fructifica la vida de una forma en la que nadie puede negar, pero también la amarga como el mundo sin azúcar, como la música sin piano. Imposible enamorarme a esta edad, esas son falsedades que ni en los adentros de mis verdades pensaré. Sería como fallecer en un mundo sin esperanza, sería como vivir sin motivo, con una inexistente realidad. Los sentimientos que tengo son tan fuertes hacia cada persona que conozco, lo que me hace sentir vivo, no es ninguna sustancia dionisíaca, tal vez ese sea el principal problema. Solo necesito ver el haz de luz que atraviesa las ramas de los arboles mientras besa con suavidad sus hojas para recordarme que la vida es más de una simple coincidencia, algo sin sentido.

 Me refugio en la filosofía más que en la poesía aunque debería ser, en algún momento, diferente. En el sentimiento del escuchar me di cuenta de lo que ayer fue amor hoy se confunde con el juego de seducción yo no estoy ni a favor ni en contra de él pero si de hacerlo mi vida dependiera defendería mis principios antes de entrar en una moral equivocada y escondida por los pretextos en donde sería consumido lentamente. La atracción, desgraciada característica que nos hace segar el corazón. Me gustaría amar sin ver aunque se que no lo podré hacer, esa mi mayor frustración que me hace recordar que soy humano y nada de lo que haga hará olvidar mi lado más salvaje y primitivo.

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