lunes, 18 de noviembre de 2013

Azucena

Azucena era una mujer de mediana edad, estatura promedio, tez morena de ojos cafés, nariz redonda, labios chicos, cachetes grandes, su silueta se notaba cansada y cada día que pasaba, la juventud se le escapaba por las caderas y a ella ya no le importaba. Las preguntas fueron disminuyendo con los años y las acciones aumentaron su número, Azucena vivió en mundo ilusorio y transitorio que ahora le golpea sin piedad, y este le abre los ojos y en su mundo se encierra. No hay a donde escapar, su hogar inunda las penumbras de su pensamiento y está confundida, vive confundida pero ella no lo sabe; cree que caminar por el mismo concreto polvoso todos los días es la felicidad que una mujer debe poseer para poder encarnar un hijo propio, tener una excusa a su frustración. 

Toda su familia ha pasado por lo mismo que ella está  atravesando, naturalmente, pero ella tendrá un fin distinto que encontrado tras las líneas escritas de grandes genios tumbará un nuevo camino a su existencia, o eso es lo que se pensaría al otorgarle oro impreso. La duda sigue recayendo e impulsando, cada vez más, un futuro desastroso lleno de miseria y falsos lujos egoístas. Azucena, mujer normal, mujer promedio, qué es lo que te hace diferente a todos que no quieres aceptar y sin embargo te identifica, como a un hombre sin cara de humano entrando a un negocio antiguo que algunos atreven a llamarle burdel. El sucio metal valorado.

Querida Azucena pasan los días, pasan los años y sigo esperando cobrar la apuesta contra el destino fijo que te pertenece, aunque no lo quieres aceptar. ¡Dónde han quedado las esperanzas que viese en esa niña observando su frío reflejo lleno de cálidas acciones que cada día pierdes! No podría enunciar que la culpa no te pertenece por completo pero la complicidad humana me permite ignorar las palabras de viejas voces de sabiduría y abstener parte de la culpa que en ti remite silenciosa y sin peso. ¡Claro, sin peso, cómo alguien así puede cargar con ese peso tan indigno de la ignorancia! Porque los sabios han repetido en varías ocasiones con aliento exasperado y silencioso que solo sienten la carga verdaderamente humana los que están listos para soportarla. 

Han pasado varios años de que la esencia tan impura que en tu cuerpo yace se ha separado por fin de la pureza que guardaba tu alma, y esta ha recaído en una nueva esperanza, con oportunidades infinitas y libres. ¡Oh Azucena solo has logrado lo que tu antecesora pudo lograr, pero no has comprendido el poder de tu polaridad! Las voces cuentan que mi voz no tiene lugar en un espacio como este, en el que solo sus voces son las que cantan las sinfonías de su propio futuro y rigen el bien y el mal a placer. ¡Oh Azucena he perdido mi apuesta con el destino ahora ya no nos queda tiempo!

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