Todos los días salgo a la calle y me pregunto cuál es la diferencia de enamorar a una mujer de otra. Su puerta. La apariencia que vemos todos será el que la rige. Mi duda del pasado se hace presente y en mi mente da vueltas buscando a las inocentes que querían a su amor verdadero, pero nadie nos enseño a ver algo más allá de los ojos, rostro. Sin embargo aunque a veces esté en desacuerdo de este regimiento que la vida nos presenta, muchas veces lo he utilizado a mi favor. Es cuando volteo al espejo y no reconozco a alguien que piensa, pero si a uno que se deja llevar por las hostilidades de la vida. La única conclusión que encuentro para esta dicha es que seremos, siempre, condenados a alguien que tenga un nexo igual al nuestro.
Creo que obtuve conclusiones muy rápido, se me olvido el veneno del hombre. El dinero. No me lo pregunto porque sé que es posible. Alguien ofreciendo las comodidades suficientes enamorar a una mujer no por lo que tiene en el corazón aunque si en el bolsillo. Es cuando pienso que la humanidad está perdida. Maldita ambrosía de dioses que anhelamos todos.
Pocos los visores de una apariencia más allá, los que no solo tocan la puerta, entran. Son aquellos que saben quien es una persona y aunque nunca marcarían a nadie lo pueden hacer. Corazón sensible y mente atenta. Características únicas y esenciales. Ver más allá de lo que todos ven, un paraíso impresionante de colores y alegría, pero también de oscuridad y traición. Hermoso sería por un lado observar la humanidad de una mujer que todavía cree en la magia, pero oscuro debe ser la vista cuando te encuentras con alguien que no ves la puerta de donde entraste, personas que saben la luz que tienen pero por alguna razón propia prefieren esconderse sobre la niebla donde la maldad absorbe lo humano para convertirlo en salvaje.
Eres hermosa como llegaste, pero de ti depende como te irás.
CGRGC
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